TEXTUALIDAD SINESTESICA


Un texto es la exposición de voluntades, experiencias, información, expectativas e imágenes.

Un texto es la fusión del contexto del autor con los contextos de los intérpretes. Implica comprender, concebir, ordenar aprender o expresar inmanentemente las realidades.

Biblia, bibliografía, biblioteca son términos que refieren a textos en rollos de papiro, papiro de Biblos, población ubicada en el norte de Siria, lugar de donde los comerciantes fenicios exportaban el papiro a Grecia, y así los griegos llamaron a dicho material biblos. Esta palabra se aplicó después en griego, biblion, biblia, para significar el libro, el continente de los textos registrados.

Sin intentar hacer la historia del libro, sí resulta necesario recordar que los seres humanos a través del tiempo, para conjuntar información, organizar el conocimiento a transmitir y a preservar, han recurrido a los materiales e instrumentos a su alcance; la memoria de las tradiciones, los hallazgos y las expectativas de la humanidad están atesorados en sonidos dibujados (signos), efigies icónicas y en esquemas simbólicos grabados en arcilla aureada al sol y al fuego, en prominentes piedras, en magistrales metales de nobleza distinta, en telas teñidas de tamizantes brocados, en persistentes pergaminos, en proverbial papel, en misericordes maderas, en creciente celuloide, y hoy en día en polímeros y pixeles. También los soportes han sido de diversas formas y características: rectangulares, circulares, cilíndricos, esféricos, piramidales, espirales, desplegables, apilables, y si estas preeminentes diversidades de comunicación visual expandieron sus posibilidades en gradientes de interacciones complejas, sin duda los códices conocidos generaron ambientes propiciadores de experiencias multisensoriales en los cuales existieron las condiciones de posibilidad para acceder al imaginario colectivo de la época, es posible aseverar que estos textos fueron medios y partes de otros sistemas y de otros medios de comunicación sinestésica integrados por las polifonías, el movimiento, la cronía  virtual en secuencias y la cinestesia espacial.

Texto, vocablo latín, textum, texere, tejido, su equivalente en griego, histos, histion (histo-ria)

Texto, unidad básica cultural de comunicación, es un todo cerrado y abierto, lineal y espacial-temporal, cíclico; con la función de transmitir y compartir significados, obligadamente ordenado, coherente, justificado, cualificado, es una totalidad que posee equilibrio y  tensiones internas; actividad semiótica que abarca las operaciones de producción y transformación. Texto es la relación polisémica de la estructura llamada textualidad, un texto no es solamente una serie de oraciones yuxtapuestas ni la suma de sus significado, ni la vanagloria escolástica, sino una compleja red de lenguajes estructurados e interrelacionados por las éticas, las estéticas y los paradigmas del imaginario social.

Cornelius Castoriadis entendió como imaginario social al pensamiento de formas no lingüísticas, como los lenguajes icónicos que no son antagónicos ni excluyentes sino complementarios, son un complemento necesario de las otras visiones; los lenguajes icónicos son construcciones culturales, son imágenes en pausa o en movimiento, también son escenarios y escénicos gestos, expresiones faciales y corporales, así como proxemias rituales.

TEXTOS, HIPERTEXTO, INTERFASES, HIPERMEDiOS.

INTERFACE, Interfaz, Programación de Aplicaciones, Algoritmos de Alternativas.

INTERFACE DE CONOCIMIENTO SINESTESICO: Mapa Mental para aprender, comprender, contrastar, fusionar o transformar (modelado del conocimiento).

ICONÓSFERA: obsequio de la naturaleza, y de los compositores, cualificadores y estudiosos de imágenes habitables e incluyentes; realidad física y psíquica integrada y representada en esos continentes cromáticos, espaciales multidimensionales, multisensoriales extensos e íntimos, sutiles y monumentales.
Continentes de evocación y convocación, atmósferas de imágenes que pueden ser habitadas.

El objeto mental iconósfera, esta constituido por continentes de imágenes habitables que abarcan lo que es esencial y semejante a la visión y noción óntica. Su atmósfera hace posible que el pasado y el futuro sean contemporáneos recuerdos del porvenir.

Las imágenes-circunstancia hacen  interactuar y converger a todos los sentidos en la experiencia cinestésica espacial y en la visión interna inmanente, íntima, sensual y mental.

Las imágenes habitables son el contexto y entorno natural de la sensibilidad e inteligencia.

En toda liturgia, en todo suceso significativo, en toda experiencia extraordinaria la conjunción de imágenes intensifican los sentidos y magnifican las realidades.
Las imágenes habitables son eventos que nos abstraen de la cotidianidad por su carácter polisémico y experiencial, multisensorial e intersensorial.
Las imágenes habitables se expanden para estimular al sentido común, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, es sabido que los sentidos al funcionar en interacciones se complementan, se activan mutuamente, no se experimentan aisladamente por lo cual las sensaciones se multiplican por la interactividad sensorial.

A. R Luria, psicólogo y neurólogo visionario, recurre al los términos sinestesia o sinopsia como tropos que consisten en asociar y coaligar imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales.
Los distintos órganos de los sentidos no funcionan aisladamente, cooperan entre sí, interactúan y se influyen recíprocamente, estimulan o deprimen el trabajo de otro órgano sensorial o de otro grupo de órganos sensoriales.

S.V.Kravkov, autor y psicólogo experimental ha mostrado que el funcionamiento de un órgano de los sentidos no transcurre sin ejercer influencia en el funcionamiento de los otros órganos de los otros sentidos. Sus estudios y experimentos han demostrado que la excitación sonora agudiza el funcionamiento de la sensación visual, elevando la sensibilidad de ésta ante los estímulos luminosos. Análogamente influyen también ciertos olores, aromas y hedores aumentando y disminuyendo la sensibilidad luminosa y acústica.
Siendo que la realidad es construida por cada ser, adquiere el carácter de  múltiple, es la resultante de las vivencias sensoriales transferidas y comparadas por sus marcos referenciales.

Al asociar las diversas sensaciones que los sentidos simultáneamente registran, la mente experimenta la sinestesia: que es la interacción de los sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.
Todos los sentidos conocidos y aceptados hasta hoy no son únicamente los que el ser humano posee ni todas las multisensaciones que se pueden experimentar.

Los hipermedios no son propiedad exclusiva de la cibernética contemporánea, son concepciones holísticas presentes y vigentes en toda cultura y en todos los tiempos, testimonio son los petros paradisos godos (góticos), edenes edilicios de iletrados y fanatizados feligreses. La calidad y misión didascálica de los medievales templos, su logística icónica y la multisensorialidad experiencial detonada por su narrativa multimedia, hipertextual, nunca podrá ser emulada por los libros de la gutenbergiana tradición, en virtud de que su naturaleza y las expectativas que los generaron son profundamente distintas.

Umberto Eco, nuestro incontestable maestro, en su magistral conferencia De Gutenberg a Internet expone el recurrente y gratuito conflicto entre paradigmas y pronuncia el enmascaramiento de las fraticidas batallas entre sistemas productivos, más no entre sistemas de cognición.

Todo cambio de roles, de actores, de medios, de hábitos provoca negaciones y afirmaciones, así ha sido siempre. Las nostalgias se enfrentan a lo otro, a lo diferente, a lo no establecido aún.

La incertidumbre que emerge del posible desplazamiento a causa de lo otro, del otro,  de la otredad amenazante. Las interrogantes de ahora, qué va a suceder con las cuantiosas inversiones, con los activos de la empresa: materias primas, locales, maquinarias, bodegas, con los vehículos, con el gremio con las  ganancias y sobre todo con su poder político y financiero. Apocalíptico y cíclico escenario para los productores más no para los usuarios. “Ceci tuera cela” “esto matará a eso.”

Las otras bondades, por sus valores agregados, desplazan a las anteriores, así como estas cualidades serán superadas por las próximas; así es la cultura material, más no el conocimiento que, ante los cambios de paradigmas los saberes anteriores se estratifican, se enlazan, se fusionan y trascienden, es comprensible que los continentes (plegaria, obelisco, estela, pórtico, libro, monitor) que son soportes de intenciones, información y comunicación se transformen, como lo han hecho en la muy extensa historia de la humanidad, han cambiado y continuaran cambiando en sus formas, materiales e intenciones, el hábitat del conocimiento es la mente que continúa y continuará expandiéndose a pesar de los miedos ignorantes y las sumisas perezas de pálida voz y voto.

Según las diversas interpretaciones hechas a  Platón a largo del tiempo (Atenas (Hispania, Bagdad, Salerno),  en Phaedrus, cuando Theut, el inventor de la escritura, presentó su invención al Faraón Thamus, éste elogió la nueva técnica, que permitiría que los seres humanos recordaran con mayor facilidad aquello que de otra manera quedaría en el olvido. Pero el Faraón no estaba satisfecho. “Mi querido Theut, dijo, la memoria es un gran regalo que debe ser mantenido vivo entrenándole continuamente. Con su invención la gente no se preocupará por entrenar la memoria. Recordarán cosas no debido a un esfuerzo interno, sino por virtud mera de un dispositivo externo.” Podemos entender la preocupación del Faraón. El escribir, como cualquier otro nuevo dispositivo tecnológico, habría hecho torpe la energía humana que substituyó y reforzó, así como los automóviles nos hicieron menos capaces de caminar. Según el Faraón, la escritura era peligrosa porque disminuye las energías de la mente al ofrecer a los seres humanos un alma petrificada, una caricatura de la mente, una memoria mineral.

El texto de Platón es irónico, naturalmente. Platón escribía su argumento contra la escritura, pero pretendía que su discurso fuera dicho por Sócrates, quien, por cierto, nunca escribió. Hoy en día, nadie comparte estas preocupaciones, por dos razones muy simples, primero que todo, sabemos que los libros no son una manera de hacer que alguien piense por nosotros, por el contrario,  son instrumentos que provocan en nosotros pensamientos más allá de la lectura original. Solo después de la invención de la escritura fue posible escribir una obra maestra sobre la memoria espontánea como En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. En segundo lugar, si alguna vez fue necesario para la gente entrenar la memoria para recordar cosas, después de la invención de la escritura fue también necesario entrenar la memoria para recordar libros. Los libros desafían y mejoran la memoria no la narcotizan.

Sin embargo, el Faraón estaba expresando el miedo eterno a la pérdida de privilegios: el miedo a que un nuevo logro tecnológico pueda influir, suprimir o destruir a su pirámide social y espiritual. Fue como si el Faraón señalara primero a la superficie escrita y luego a su sien como una seña emblemática de la inteligencia y la memoria humana, y dijera: “esto matará a eso” (ceci tuera cela).

Víctor Hugo describe en su controversial novela Nuestra Señora de París, a un sacerdote, Claude Frollo , señalando con su dedo primero a un libro, luego a las torres y a las imágenes de su entrañable catedral,  diciendo ceci tuera cela, “esto matará aquello”. El libro matará a la catedral, el alfabeto matará a las imágenes (sic)il romanzo “Notre dame de Paris” ci mostra un sacerdote, Claude Frollo, che punta il suo dito prima verso un libro, poi verso le torri e le immagini della sua amata cattedrale dicendo: “Questo la ucciderà”. (Il libro ucciderà la Cattedrale, l’alfabeto ucciderà a le immagini.”(sic). Esta instantánea de exorcismo no refiere a la artificial pugna textualidad icónica vs grama textualidad, literatura vs edilicia, filosofía vs arquitectura, iconoclastas vs iconodules, óptica vs sinestesia, producto vs servicio, es más, una forma retórica de recriminación a los harto conocidos excesos y desvíos del alto clero medieval, y sobre todo a esa, su interpretación maniquea y apocalíptica de los evangelios.

Víctor Hugo, romántico y revolucionario sol de la literatura, enfatizo a través de una polisémica y diáfana metáfora  que los contenidos del continente libro otorgarían las condiciones de posibilidad para optar por infinitud de horizontes y dimensiones (libre pensamiento), así como la libre toma de decisiones (libre albedrío).

Sí el cristianismo es religión del libro, el libro es el cimiento, pilar y generador de las catedrales y garante de su fe.Por consiguiente no puede haber edificación sin basamento y sin pilares; Alá no necesito de pilares para sustentar los cielos, los fieles si necesitan del libro (Corán) para aprender y sostener su fe.

La pugna de los cultores de la palabra escrita vs. la cultura de la textualidad sinestésica es artificiosa y ficticia, como lo es el imposible antagonismo de la memoria contra la imaginación, de lo abierto vs. lo cerrado, de lo lineal en contra de lo cíclico, de la tradición contra el futuro.

La palabra escrita y las imágenes, en su naturaleza de expresión del pensamiento, puede registrarse en  infinidad de soportes materiales, pero sobre todo en las mentes.

Las presentes y próximas opciones de información y comunicación no anularán a las anteriores, los cimientos son el sustento y no el lastre de las naves, las catedrales y los libros prevalecerán, los libros, por su versatilidad, a pesar de sus elevados costos seguirán perfeccionándose, los museos y las escuelas continuaran evolucionando, y se retroalimentarán al incluir a las tecnologías de la información y la comunicación en sus funciones sustantivas con lo cual serán más extensas, profundas, pertinentes, elocuentes, ubicuas y filantrópicas.

Roberto Real de León                       Julia Vargas Rubio                     Marco Antonio Flores Enríquez

CASO SHERESCHEVSKI. Este caso fue estudiado durante varios años por el psicólogo ruso A.R. Luria, quien escribió un libro al respecto: Pequeño libro de una gran memoria. El descubrimiento de Shereschevski se produjo cuando era periodista y su editor se dio cuenta de que, por complejas que fueran las instrucciones que se le dieran al preparar algún artículo, éste nunca tomaba notas. A pesar de esto, podía repetir cualquier cosa que le dijeran, palabra por palabra sin dar mayor importancia a esa increíble capacidad. Al darse cuenta de que se trataba de un fenómeno inusual, su editor le envió a ver a Luria, que le administró una serie de pruebas de memoria cada vez más exigentes. No parecía haber límite en la cantidad de material susceptible de ser recordado puntualmente por él: listas de más de cien dígitos, largas series de sílabas sin sentido, poesía en idiomas desconocidos, gráficos complejos o extensas fórmulas científicas. No sólo podía repetir perfectamente todo este material, también podía hacerlo en orden inverso e incluso años más tarde mostró su capacidad para seguirlo recordando. ¿Cuál era el secreto de la asombrosa memoria de Shereschevski? Tenía una notable capacidad para formar imágenes. No sólo podía crear multitud de imágenes visuales con gran rapidez y facilidad, sino que mostraba una asombrosa tendencia a la sinestesia (el fenómeno por el cual un estímulo que actúa sobre un sentido evoca una imagen en otro). La mayoría de las personas, por ejemplo, tiende a asociar los sonidos agudos a colores brillantes y los graves a los tonos oscuros. No es extraño que se asocien los días de la semana con colores. Sin embargo, para la mayoría de las personas la tendencia a interrelacionar sensaciones es muy ligera, y sin significado práctico. En el caso de Shereschevski, la cantidad de asociaciones de este tipo era enorme. Por ejemplo, al escuchar un sonido de 2.00 ciclos por segundo, dijo: “parece un coche de bomberos pintado de rosa y rojo. La banda de color es rugosa y áspera, de un sabor desagradable, algo así como el de un pepinillo salado… podrías lastimarte la mano con ella.” Para él, los números tenían formas y colores “El uno es un número puntiagudo, pero eso no tiene nada que ver con la forma como se escribe: es porque se trata de algo firme y completo. Los números también se parecían a personas: el uno era “un hombre orgulloso y macizo”, y el dos, “una mujer muy espiritual”. Si se le presentaba alguna cosa para recordar, inmediatamente la codificaba con este rico y elaborado método. Por lo general este proceso implicaba que el material más difícil y árido originara una experiencia vívida que se representaba no sólo visualmente sino también en términos de sonido, tacto y olor. Aunque su asombrosa sinestesia le resultaba obviamente muy útil, no dejó de plantearle problemas. Por ejemplo, si alguien tosía mientras le leían el material que debía recordar, la tos quedaba también impresa en su memoria como un borrón o una bocanada de vapor, que aparecía también en el recuerdo subsiguiente; una ligera diferencia de la inflexión en la voz del hablante podía cambiar totalmente la imagen, y esto podía afectar su comprensión incluso en fragmentos de prosa relativamente sencillos. Como mnemonista, Shereschevski obtuvo grandes éxitos. Sin embargo, tenía enormes dificultades para olvidar y acabó por sentir su memoria abarrotada por informaciones de todo tipo que no deseaba recordar. Al cabo de algún tiempo encontró una solución muy sencilla: imaginó que la información que no deseaba recordar estaba escrita en una pizarra y luego se imaginó a sí mismo borrándola. Por extraño que parezca, el método funcionó perfectamente. http://www.ugr.es/~setchift/docs/t13-sinestesiaauditiva_marialarabella.doc.

“Todo el mundo había podido observar las interminables horas que él (Claude Frollo) solía pasar sentado en el pretil de atrio calculando el ángulo de la mirada de aquel cuervo situado en el pórtico izquierdo, dirigida hacia un punto misterioso al interior de la iglesia donde probablemente estaría oculta la piedra filosofal”. Este párrafo forma parte de Nuestra Señora de París y allí Víctor Hugo seguramente se inspiró en la imagen de Nicolás Flamel, el más conocido de los alquimistas franceses de la Edad Media. O también en la suma de Cagliostro (José Bálsamo, aventurero, médico, farsante y alquimista italiano, nacido en Palermo en 1743) y en el conde de Saint Germain, misterioso personaje que, al igual que Aschaverus, habita el tiempo y sólo habrá final de él cuando ya no exista nada. Sin embargo, todo apunta a que el diácono Claude Frollo, que tenía su laboratorio en una de las torres de la Catedral de Nôtre Dame, sea una extensión literaria de Nicolás Flamel. Después de todo, a este curioso personaje lo asiste la leyenda dorada de la alquimia.

Roberto Real de León                   Julia Vargas Rubio                  Marco Antonio Flores Enríquez


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